
Hace 4 meses que no escribo por acá…y he estado toda la tarde intentando pensar en los motivos del por qué. La verdad es que llegué a varias conclusiones como el hecho de que la amalgama de reportajes, notas e informes que tuve que escribir durante el primer semestre no me dejaban tiempo ni imaginación para nada más, pero esa sería una excusa demasiado barata para una estudiante de periodismo y aspirante a escritora como yo, por ende se descarta de inmediato. Otra alternativa era que últimamente no había ocurrido nada interesante ni atractivo en mi vida que pudiese ser aún más interesante y atractivo para quien lo leyera, pero también es poco probable teniendo en cuenta que he utilizado recursos poco cuerdos como el crecimiento sicológico de mis dientes o mi cita imaginaria con las palabras para poder escribir alguna entrada, lo que deja al descubierto que no necesito mayores episodios para poder relatar algo muchas veces fantástico (por lo irreal, no por lo fenomenal). También quise verlo por el lado contrario; para qué escribir algo que nadie más que yo lee, si mejor lo puedo crear en mi mente y dejármelo para mí, pero jamás me ha interesado que la gente lea lo que escribo y de hecho, prefiero mil veces que sea así…desconocido, evitando las preguntas o quizás las críticas por los puntos y comas mal usados. Sin embargo, sé que nada de eso es la razón real. Muy por el contrario, todos los días de mi vida abro la pagina del blog, reviso lo que de antes está escrito y hago clic para hacer una “nueva entrada”, pero quedo ahí…sin saber cómo empezar evitando a toda costa recaer en lo habitual. Así que como no pude encontrar una respuesta coherente y cierta, prefiero no contestar…llenando los espacios vacíos que estos meses han dejado, con quizás 20 líneas que poco pueden explicar, pero que me hacen recordar que debo volver mañana o pasado, a escribir una nueva historia para contar...

